martes, 23 de febrero de 2010
Una cuota de Holden
viernes, 19 de febrero de 2010
Historias del trayecto VI
Se sentó en el último asiento del quince. Era el único que no sufría el torbellino de su cabellera en medio de la Panamericana por razones obvias, claro. Sus ojos se fijaban puntualmente en los míos; verlo tan de frente quizás haga que pueda describirlo tan bien.
Llevaba ropa deportiva, sugería ir sin apuro a algún destino que lo hizo bajar cerca del Solei, tenía una remera blanca, esas que usan los profesores de las colonias de vacaciones, siempre medias gastadas, supongo, por la exposición solar; sus pantalones eran de un azul marino muy oscuro, de esos que se confunden con el negro, o gris topo. Estaba calzado con unas sandalias de goma parecidas a las que le regalé a mi papá en navidad.
Mientras mi medio metro de pelo ondulado se entrecruzaba como bandera flameante, ante el inmenso calor, con el bondi hasta las manos y los brazos marcados por el peso de la cartera y la bolsa que llevaba, nos seguíamos mirando. Quizás, su mente voló a la par mío, quizás no. Solo yo puedo decir todo lo que imaginé; puede que prejuzgándolo, puede que deseando que fuera de una manera en particular.
Hay algo que nunca me desanima cuando alguien en un trayecto me atrae tanto, y es la historia de mi amiga Daniela. Ella chocó miradas que creyó inconclusas y el flaco terminó corriéndola hasta el extremo opuesto de la escalera mecánica del subte para pedirle el teléfono. Entonces supe que estas cosas no pasan sólo en las películas, o en una cursi melodía de un tal James Blunt.
Luego bastó con que se rascara el ojo derecho con la misma mano... era casado. Seré un especimen desconocido en estos tiempos, pero realmente me jodió seguir mirándolo. Me detuve, me pasaron mil experiencias -ajenas y propias- por la cabeza, y me limité a que estos ojos marrones se despidieran de los suyos, viéndolo bajar a la altura de Boulogne.
Otra visión (no la comparto), aunque es interesante {Qué bueno, siempre me hace pensar en otras cosas...}

Fidel
Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el –Granma-, ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba acostumbrado más a los ecos que a las voces.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión,
que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán,
que sobrevivió a seiscientos treinta y siete atentados,
que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria
y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.
Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la Copa Mundial del Felpudo.
Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen que en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.
Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.
Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.
Tomado del libro Espejos de Eduardo Galeano.
Hablando de lluvia...

¿Por qué debo de considerar en este mundo... (TOMO UNO)
... que para pasar el psicotécnico de un preocupacional, es mejor dibujar al sujeto bajo la lluvia CON PARAGUAS EN LA MANO?
¿Acaso no puede ser libre, y chapotear un rato sin preocuparse por mojarse?
¿De ahi viene la palabra preocupacional?
miércoles, 17 de febrero de 2010
Pal' Norte
http://www.youtube.com/watch?v=1wGRp20_KRc&feature=related
martes, 16 de febrero de 2010
Extraigo de una de mis compañeras. Me encantó.
Toda la vida lo quise.
lunes, 15 de febrero de 2010
sábado, 13 de febrero de 2010
Intento decir qué es
viernes, 12 de febrero de 2010
Poetry drop
como cuando los frutos de plena estación
de aquellos árboles frondosos
están a punto de estallar.
Dio ritmo a mi cardio, alimentó mis sentidos,
estimuló mis neuronas, recreó imágenes lantentes.
Traté de serenarme; sólo habían letras en el papel
Supongo, nunca entenderé la inmensidad...
Amo el suplemento Ñ, siempre saco algo lindo...

Tengo la nostalgia de un monstruo mitológico desfasado en tiempo y espacio. Miro a través de la fronda las hojas perladas de oleo y una pátina antigua que aleja lo que acerca en un único movimiento. Así representó el artista un paisaje florentino. Yo estoy en el borde del cuadro el pelaje oscuro, las orejas alertas.
sábado, 6 de febrero de 2010
Esta mina estuvo más allá

Hija del viento
Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.
Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.
Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.
Sigo examinando lo que puso la gente
Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido.
Si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.
Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque despues de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque despues de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
El mejor poema
En mi intento ocio-depresivo de sábado a las diez menos cuarto de la mañana, se me ocurrió googlear "El mejor poema de la historia"...
Y, apareció el mejor; casualmente, el que me olvidé de poner.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Sin culpa
domingo, 31 de enero de 2010
Un impresionante parecido
El juego en que andamos

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
de "El juego en que andamos"
Holden había encontrado su misión...
NO HAY PERSONAJE LITERARIO MÁS MARAVILLOSO, CON QUIEN HAYA GENERADO SEMEJANTE EMPATÍA Y HASTA, ME DE LA SENSACIÓN DE CRUZÁRMELO POR LA CALLE, YA GRANDE, O ETÉRNAMENTE JOVEN.
jueves, 28 de enero de 2010
miércoles, 27 de enero de 2010
A quien no se lo merece
Ayer inauguramos...
domingo, 24 de enero de 2010
Juan el garoto II
Juan el garoto
Intentaba disponer de los placeres de la playa, a cuestas de la muchedumbre y las ganas sin ganador, cuando encontré una razón más para usar mi cámara. Era una razón entrada en años, casi octogenario; protegía la morada de sus ideas con un estrafalario dispositivo, mezcla de gorro y carpa para cabezas.
Lo oí cantar. Entonaba, era agradable. Al principio no le cazé la onda y me reí un poco. Uno no sabe si Juan está loco o más cuerdo que todos nosotros hasta que lo hace usar su voz para hablar en serio.
Nació en Antofagasta, del lado de Chile, donde el desierto regala -como dice él- al mar como única vegetación. Hace 35 años, luego de un período corto viviendo en Brasil (de ahi su apodo) que decidió radicarse en Mar del Plata, siempre teniendo como denominador comun de su residencia el mar. Según nos contó, escapaba de la dictadura, y hasta perdió a un hijo. Hoy vive con su mujer y una familia completa de nietos, aunque sus días pasen solitarios, rodeados de la multitud -a veces molesta y otras grata- de la mano de una reposera blanca, la mochila y un anotador. Allí deposita toda su inspiración, que bien la compara con la naturaleza de "un sueño, pues cuando me levanto para escribirlo o contarlo más tarde, ya no es lo mismo, se perdió". Según cuenta este creativo innato, cuenta con más de 150 canciones, algunas registradas.
Esta lección de vida me agrietó el corazón de tristeza, quisiera darle un puñado de mi juventud para irnos de joda por ahi, o para chatear en el msn y quedar en contacto. Y de paso, que no tuviera que sufrir por esa arritmia de mierda, que no lo deja disfrutar de la vida como el quisiera, o como ha estado acostumbrado. El caso es, que creo haber visto en sus ojos otra cara de la vejez, que no me habían mostrado. Estoy hablando de una dignidad, mezcla de vitalidad y ganas de ser feliz, que tiene que ver con estar más allá de muchas cosas, sean prejuicios, clishés o vanalidades. Yo quiero llegar a vieja asi, carajo. Ahora tengo un modelo a seguir, digamos, más allá que mi abu, claro.
Creo que nos conectamos más aún cuando le descubrí el cuadernito que reposaba sobre su mochila; no pude evitar pedir que nos sacaran una foto. Con seis décadas de diferencia teníamos el mismo móvil entre el cerebro y la mano... era genial.
Cuando llegué a la ciudad mi hermano me dijo "Lisa, encontraste a tu Encías Sangrantes" =P
Yo creo que encontré una razón digna para sonreirle a la vejez. Y quiero sostenerla como él, inspirada por el mar.
Insólitos infelices
La sal entre la gente
No es el momento
martes, 5 de enero de 2010
Lo agrego, si; la forma en la que está redactado es hermosa.
Lo concreto es que la vida íntima parecía más discreta que las fantasías: la ocupaban simplemente algunos amores (Julia Viscani, Tita Rouss, quizá María Marta Serra Lima, después María Elena Fresta) y el cuidado de su madre Nina. Sus vicios continuaban intactos o en franco ascenso: la bebida (este orden: champagne, whisky, gin) y una cantidad de tabaco que durante dos décadas rondó los 80 cigarrillos diarios. "Nadie maltrató tanto el cuerpo como yo", dijo una vez entre el arrepentimiento y la vanagloria.
La historia de Sandro era, también, la de los valores de cierta clase media barrial. A pesar de que en él se hacían carne muchos de los contrastes de la argentinidad (en 1982, por ejemplo, declaró que quería ir a las Malvinas "no a cantar para los soldados, sino para pelear"), el prototipo no llegó a degenerar en caricatura. Sandro defendía a la madre, a la familia y a la Patria (en sus shows ubicaba una bandera argentina en un costado).
Criticaba a los políticos y detestaba a las guarderías infantiles y a los geriátricos. Por eso él mismo cuidó en Banfield a su madre durante su larga convalescencia. Por amor a la familia, "adoptó" a los cuatro hijos de su mujer, María Elena Fresta.
Los pormenores de la relación con María Elena fueron una de las escasas concesiones a la divulgación de su vida privada. Un trozo de misterio arrojado a la multitud. "Estoy soltero nuevamente", declaró Sandro a una radio de Lanús en marzo de 2005, confirmando su separación de María Elena, con quien estuvo en pareja 15 años. Fiel a su estilo, no develó los motivos de la ruptura. Tiempo después se supo que, en abril, comenzó una nueva pareja con Olga Garaventa, de 45 años, ex secretaria de su manager, y que lo acompañó en los últimos meses.
María Elena había sido un sostén esencial durante la agonía de doña Nina --fallecida en 1992-- y, después, durante los peores momentos de la enfermedad de Sandro, un enfisema pulmonar que pareció cobrarle cada uno de los cigarrillos que devoró desde que empezó a fumar, a los 13 años. Enfisema que él logró neutralizar --rigurosa gimnasia, cero tabaco, aunque en abril de 2008 se supo que su nombre figuraba en la lista de espera del INCUCAI para un doble trasplante de pulmón y corazón-- y, de un modo intrincado, incorporar al show. Como lo sugirió en uno de sus últimos espectáculos, El hombre de la Rosa, con el que se cansó de llenar el Gran Rex. En el escenario, diseñó una red asistencial de cuatro tubos de oxígeno, que, lejos de disimular, se encargó de describir al público.
Pareciera que siempre tuvo la cabal convicción de estar siguiendo letra por letra un guión formidable. Quizás comenzó a escribirlo hace más de 40 años en un patio de Valentín Alsina. Hasta ayer no se cansó de perfeccionarlo.
Sandro había nacido en la Maternidad Sardá a las 3.20 del 19 de agosto de 1945.
















